Antes de que los tintes sintéticos llegaran a los mercados del altiplano, las artesanas mayas producían colores extraordinarios usando plantas, minerales y animales. Carmen Ixchel es la heredera de ese conocimiento en nuestro colectivo.
"El índigo local, el añil, da el azul más profundo que imagines. La corteza del árbol de palo de campeche produce un negro intenso. Las flores de cempasúchil dan amarillo. Y el caracol púrpura del Pacífico —que ya casi no se usa— era el color de los reyes mayas", explica Carmen.
El proceso de tintura
Teñir con plantas toma entre uno y tres días por color. El hilo se remoja, se hierve con la planta mordiente, se enjuaga y se seca al sol. El resultado es un color que varía ligeramente entre lotes —nunca dos son exactamente iguales— y que con el tiempo se vuelve más bello y profundo.